En Taller de Primer año de Diseño Gráfico nos metimos con la obra de Cortázar. Pasen y vean (y lean, que no muerde)
En mi otra encarnación estoy a cargo del taller de Diseño Gráfico de primer año de la Licenciatura homónima de la UNSTA. Y como trabajo final siempre rediseñamos la tapa de un libro. El 2004 era el Año Cortázar, así que el tema estaba cantado. Y como el resultado fue óptimo, quiero compartirlo con ustedes (si salían mal, no los ponía ni loco).
Estos son algunos de los trabajos de mis alumnos.

Para que pudieran tomar algún concepto gráfico con el cual desarrollar el sistema de piezas, se les pidió que leyeran un cuento de Cortázar. En años anteriores hubiera ido por una novela, pero me vuelvo viejo y realista. Que hayan leído un cuento de principio a fin, robándole horas al chat, ya me resulta un logro en el que no quiero profundizar demasiado porque lagrimeo fácil. Además, tratándose de semejante escritor, cada estudiante pudo trabajar sobre un texto distinto sin que se repitieran.

Acá hay que apurarse a aclarar que un estudiante de diseño es un ser en la escala zoológica especialista en exprimir al máximo la fabulosa posibilidad de supervivencia que ofrece la ley del menor esfuerzo, a la que combina - no se sabe cómo - con una agilidad instantánea para la especulación (¿Cuántas faltas puedo tener? ¿Cuál es la mínima nota para aprobar? ¿Mañana hay paro?). Así y todo, como se les ha secuenciado el ADN y se les encontraron características que los emparentan a los humanos, si uno insiste un poco, hasta se puede llevar sorpresas.

Y ahora que estamos en época de planillas y pasado de notas, cuelgo acá una muestra de los diseños de los alumnos de la clase 2004 (siempre quise escribir eso: clase y algún número), ya que al final me terminaron dando motivos para sentirme orgulloso de habernos compartido durante el año.
El mérito es de ellos, y de la inagotable máquina de imaginaciones que ofrece la literatura de Cortázar.