Los humoristas también mueren
Martes 23 de Noviembre

Se fue Castelo nomás.


Adolfo Castelo, el de las canas irredentas. Televisión, radio y gráfica van a extrañarlo. Encima llueve. Como diría Mafalda ¡Estas cosas solamente pasan en en este país!"

Para los que tienen más o menos mi edad, Castelo es el canoso ese que junto con Portal y Becerra hacía Semanario Insólito, cuya rareza brilló en los oscuros años de la dictadura militar.

Después se incorporó Repetto al programa - si la memoria no me falla - y si me falla fue en La Noticia Rebelde, que lo sumó a Carlos Abrevaya (otro que partió temprano) a una manera de hacer humor en la tele, que marcó los últimos años del Proceso y los primeros de la transición.

Mezcla rara de sutileza y lunfardo, no importaba el medio, si gráfico o televisivo, Castelo era un conversador al que uno no sólo disfrutaba, sino del que daban ganas de hacerse amigo.

El sabor una vez más es amargo, y el comentario la brulotada de siempre. Pero es así: habiendo resmas de hijos de puta sueltos, justo se nos tiene que morir un buen tipo. Que encima nos hacía reir.

Como si hubiera tantos.

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