Se fue Castelo nomás.

Para los que tienen más o menos mi edad, Castelo es el canoso ese que junto con Portal y Becerra hacía Semanario Insólito, cuya rareza brilló en los oscuros años de la dictadura militar.
Después se incorporó Repetto al programa - si la memoria no me falla - y si me falla fue en La Noticia Rebelde, que lo sumó a Carlos Abrevaya (otro que partió temprano) a una manera de hacer humor en la tele, que marcó los últimos años del Proceso y los primeros de la transición.
Mezcla rara de sutileza y lunfardo, no importaba el medio, si gráfico o televisivo, Castelo era un conversador al que uno no sólo disfrutaba, sino del que daban ganas de hacerse amigo.
El sabor una vez más es amargo, y el comentario la brulotada de siempre. Pero es así: habiendo resmas de hijos de puta sueltos, justo se nos tiene que morir un buen tipo. Que encima nos hacía reir.
Como si hubiera tantos.
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