La estatua de Plaza Independencia ahora en bermellón. ¡Se viene el fin del mundo!
El viernes a la noche pasé por ahí, la ví y no le dí mayor importancia. Pero ayer pasé sobrio, y me pegué un susto de aquellos.
¡La Estatua de la Libertad travestida en rojo shocking!
¿Que hace un expediente X en medio de una provincia arrasada? No puede ser buena señal. La abracé a mi hija y volví rápido a casa.
Hoy por la noche me armé de coraje y llevé la máquina de fotos. No tanto para registrar el fenómeno, como para defenderme a flashazos de los alienígenas, porque otra explicación no hay.
Me encomendé a Van Helsing, recorrí la diagonal al centro de la manzana, y ahí está. Una imagen vale por un montón de palabras, y además el placero no me deja mentir.

- ¡Milagro! ¡Milagro! - gritaba una señora porteña. - ¡La virgencita de Tucumán llora sangre!
- Y llora mucho - asentía con la cabeza el marido.
Daltónico no estoy, es la primera conclusión que saqué para mi sosiego.
¿Será que la estatua roja es para detenerse, hay una estatua amarilla en señal de atención, y después está la estatua verde, que te habilita a seguir por tu camino?
¿La habrán restaurado, y debajo de una pátina de mármol blanco Lola Mora nos reservaba un mármol rojo de sorpesa?
¿O a lo mejor para estar a tono con la Semana de Cine Argentino, la escultura tenia que ponerse a tiro de afiche internacional?

Es una fuente de inspiración y nos hace sentir ciudadanos... qué digo del primer mundo, ¡de la Galaxia de Andrómeda! el sentido cromático del intendente, o del funcionario que le llevó la idea. Ahora pueden invertir un poco más de plata en otro farol potente, y proyectar en el cielo nocturno la batiseñal.
Total, si ya vivimos en una provincia de historieta, por qué no nos cosemos la careta y declaramos todo el año carnaval.
14 comentarios