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Parece que las actrices en vez de cambiar colágeno y meterse tetas nuevas, se clonan directamente de clásicos del arte popular. ¡Era hora!
Una historieta para llevar a la isla desierta es La Balada del Mar Salado, de Hugo Pratt. Primera aparición de un personaje inolvidable, el Corto Maltés, cuando la leés te parece escuchar a las gaviotas y oler el mar del sur. Para muestra, basta un cuadrito:

Y junto con el Corto, aparece una mujer a su medida: Pandora Groovesnore. Junto a su hermano, Caín Groovesnore, rehenes de Rasputín - de acá en más contrafigura del Corto - protagoniza una historia de aventuras clásica, situada en la primera guerra mundial, en escenarios de espionaje y fantasía, donde se entrecruzan ingleses y alemanes, hindúes y maoríes.
No viene al caso contar la trama de la Balada, no sólo porque la idea es leerla, sino porque la historia es complicadísima, llena de lealtades cruzadas, de idas y vueltas y una extensión que no es la de la historieta habitual.
La tengo en mi parnaso personal, en un lugar preferencial de mi biblioteca, y cuando vi a Jennifer Garner en Alias, Pandora me saltó a la cabeza.
Suele pasar, más cuando uno ha crecido endiosando cuadritos: hay chicas Crumb, hay mujeres Lauzier, y hay minas Pratt.
A mí que me digan lo que quieran, pero los rasgos afilados del rostro de la Garner están salidos de la pluma de Hugo Pratt.

Hasta ahí, nada sale de los dominios de la casualidad.
Buscando fotos y dibujos en la web para ilustrar esta pavada que andá a saber a quién le importe, me topé con otro parecido virtual. A la izquierda de Pandora en la viñeta, aparece su hermano Caín. A la derecha de Jennifer, abajo, el perfil de Michael Vartan. ¿Qué tal?
Y si la sigo, la sigo: no se puede contar la historia central de Alias, cruza de espionaje a la Bond con historia de amor que transcurre en escenarios de todo el mundo, por la profusión de idas y vueltas, de lealtades y traiciones cruzadas, cuya bizarría televisiva se apoya en libertades de guión como la que se toma en la Balada Hugo Pratt.
A lo mejor sea forzar un parecido que sólo aparezca en mi cabeza, pero si vamos a dibujarla, mejor la dibujamos bien.
Prefiero creer que así como Julio Verne y alguno más diseñó los artefactos de un mundo que venía, Pratt puso su trazo en el ADN de futuras formas de entretenimiento popular.
Como diría Mike Myers en la piel de Linda Richman en Coffee Talk: "Ahí tienen: historieta, televisión, genes clásicos en los nuevos formatos de entretenimiento de masas... discutan."
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