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A la Argentina no le hace falta plata. A la Argentina le hace falta Tato Bores.
Irrespetuosamente, y con mucha admiración, va este texto en memoria de uno que dejó un agujero así de grande en la tele nuestra de cada día (domingo).
Al maestro, con cariño:
El otro día salí de mi casa y le dije a Berta ¡Berta! Me voy a ver a mi gran amigo el Pinguino Mayor, para que me explique este tema de los chinos si es un cuento chino o una leyenda del sur, ¿nocierto? Así que me arreglé la peluca, le di un beso y le dejé un preservativo con un cartelito que decía "No me fui, yo siempre estoy volviendo."
Llegué a la Casa Rosada, saludé a los granaderos y enfilé derecho a la secretaría privada. No había dado ni un paso cuando se me apareció mi gran amigo el presbítero José Confesionario y me tomó por asalto con una lista de firmas.
- ¡Vade retro, Tato! - me dijo mientras me agarraba del brazo y me ponía enfrente una planilla - ¡estampe la millonaria acá! Estamos levantando firmas para instaurar el culto nacional a Santa Cristina. ¡Usted no se puede perder estar entre los socios fundadores!
Me lo saqué de encima como pude, lo saludé fraternalmente mientras rajaba escaleras arriba, y le dejé un preservativo con un cartelito que decía "Lo importante no es rezar, sino que se haga el milagro"
Antes de llegar a la secretaría privada del gran K, me salió al paso el mostacho número uno del dúo Fernández y Fernández, mi gran amigo Alberto Fernández

- Tato, venga para acá - me dijo y me llevó a un rincón, detrás de una pila de desmentidas - ¡tengo que hacerle una pregunta importantísima!
Sacó de una gaveta que decía "Abrir sólo en caso de ir perdiendo en el boca de urna" un frasco de tintura caoba, y otra de tintura platinada
- ¿Qué hago con el tegobi, Tato? ¿Marrón pino del sur, gris electorado conserva o me juego a la gran Charly García?
Le señalé una de las dos sin mirar a quién, salté por encima de una montaña de medias a medio chupar, lo saludé palmeándole las ojeras y me despedí dejándole un preservativo con un cartelito que decía "El color no hace a la función, pero negro es más divertido"
En el pasillo me sorprendió una multitud de sindicalistas, con pancartas y banderas. Del medio del scrum salió mi gran amigo José Bombo Ex-Convertible que me palmeó afectuosamente, y me ladeó la peluca colocándome una gorrita del sindicato de panquequeros y afines.
-¡Compañero Tato! ¡Que alegría tenerlo por acá - me dijo mientras se acomodada el escudito de "Dale K" en la solapa izquierda. - ¿No se prende con nosotros en el próximo viajecito?
- ¿De qué viajecito me hablás, José, si no tengo ni un peso de esos de Gostanián partido al medio? - le dije mientras esquivaba un señor enfundado en Pierre Cardin, que llevaba un banderín del sindicato de nostágicos.
- ¡Pero Tato, no se me tire a menos! - Me pasó el brazo por el hombro mientras se acomodaba el escudito de "Cabezón no te mueras nunca" en la solapa derecha - ¡Acá en el Tango 01 nos organizamos unos tours bárbaros! ¡Ya fuimos con los compañeros empresarios a la muralla China, y encima en el vuelo de vuelta nos inventamos unas noticias bárbaras! Estamos organizando una fin de semana largo en la Comunidad Europea ¿No quiere venir?
Le alineé las solapas del saco para que no quedara ninguno de los escuditos debajo del otro, lo agarré de las mejillas, lo despedí con un beso en la frente, y me escabullí dejándole un preservativo con un cartelito que decía "Cuantos más se sumen, mejor. Pero por favor no salpiquen"
La Rosada tiene más vueltas que el discurso de Lilita, así que me perdí antes de llegar al despacho.
En lo que buscaba un atajo para llegar hasta el Pinguino Mayor, sentí que me tocaban el hombro.
Me di vuelta con un julepe bárbaro, y me encontré de pecho con mi gran amigo de la SIDE José Servicio, que miraba para todos lados, mientras hacía tiritas y arrojaba al incinerador justificaciones de fondos reservados
- ¡Corrasé, Tato! - me dijo mientras me tironeaba para atrás antes que me dieran de lleno paquetes de diarios que volaban de un lado para otro - ¡¿Cómo se va a parar así en el medio de un cruce de operaciones?!
- ¿Pero como? - le pregunté mientras me aseguraba la peluca con calcomanías de "Scioli 2007"- ¿no les habían reducido el presupuesto...? ¿no habían terminado con las travesuras cuando asumió el Hombre...?
- ¡Recortes las pelucas, Tato! - me dijo poniéndose colorado como puntero de Rodriguez Saa - ¡Acá el baile sigue aunque cambie el cantor o la orquesta! ¿O me va a negar que hace años que viene escuchando el mismo repertorio?
No me quedó otra que darle la razón. Le recibí un fajo de talonarios mellizos para ir rompiendo por el camino, le recorté un poco la patilla para que no fuera tan evidente, lo saludé y me fui dejándole un preservativo con un cartelito que decía "No importa si de derecha o de izquierda, a nadie se le niega un servicio"

Finalmente llegué al despacho Namber Uán, y lo encontré al Hombre meditando, con el sillón de Rivadavia mirando a la pared
- ¡Mi querido Presidente! ¡Dichosos los anteojos que lo ven! - le dije mientras patinaba a abrazarlo. - ¡Necesito que me explique el acuerdo con los chinos, que en casa los chicos no me dejan vivir!
Cuando giró el sillón me llevé una sorpresa fuera de presupuesto, porque el que estaba sentado, en posición de loto y los dedos yema contra yema era nada más y nada menos que mi gran amigo el Cabezón Duhalde.
- Ooommm, Tato, ooommm - me saludó que parecía recién salido de un capítulo de Kung Fu - La luna brilla cuando el ángel canta, pero la nieve aguanta la persistencia del pacú. Ooommm...
- Pero mi querido presiden... perdón; mi querido senador, jefe, zabiola fulgurante del mercosur ¿Por qué no me aclara en castellano del conurbano, así la hacemos corta y vamos a los bifes?
- Pero Tato, si está más claro que la interna peronista. Acá de lo que se trata es de seguir el liderazgo del que manda, agachar la cabeza y darle para adelante, a ver si de una vez por todas arreglamos el país.
- Sí.. señor... hay que seguir el liderazgo del que manda - le dije acáriciándole la parcela J-23 del peinado - ... pero al sillón lo veo muy encariñado con usted ¿verdad?
- Tato, Tato... - me pasó el brazo por la espalda y me fue llevando como quien no quiere la cosa para afuera - no nos vamos a detener en esas menudencias... al fin y al cabo somos todos compañeros peronistas ¿no?
Lo miré y me miró; me miró y lo miré; le di un abrazo, le dejé de regalo un preservativo con un cartelito que decía "Si está ocupado, no golpee. Espere, ya va a llegar de nuevo su oportunidad", y me fui de raje a ver si alguien sabía algo del Presidente Kirchner.
Cuando llegué al salón de reuniones, me dí de jeta contra un martillero frenético y una multitud de empresarios pujando a más no poder.
- ¡Quién dá más, señores, quién dá más! ¡Estoy regalando casi por la base ese mullido set de sillones ministeriales tapizados en cuero casi sin uso! ¡Vamos que se acaban!
- ¡Yo pujaría pero no les veo la utilidad! - gritó un pujante empresario del rubro pintadas volanteo y afines.
- ¡A mí el tapizado me gusta, pero no me da el cuero! - echaba espuma por la boca un fabricante de kits de limpieza para vender en los semáforos.
- ¡Yo ofrezco algo si me aceptan títulos de default a futuro! - ofrecía un bonista mientras se ajustaba el catéter y se tomaba la presión.
- ¿¡Pero qué es esto?! - pregunté consternado a mi gran amigo José Protocolo, que estaba parado duro con un cartelito en la mano que decía "lote 6". - ¡Decime por favor, José, que no seguimos rematando las joyas de la abuela!
- ¡Esto no tiene abuela, Tato! - me dijo José mientras un señor le revisaba el paladar y le daba golpecitos en los dientes - ¡En la década pasada estábamos en situación de rematar el Estado, y ahora no nos queda más que sacarle unos manguitos al estado de la situación!
- ¡Pero que va a decir la opinión pública, José!
- Tato, la opinión pública va a repetir lo que lea en los diarios, los diarios van a escribir lo que les digamos nosotros ¿Y quiénes somos nosotros para oponernos a la opinión pública? ¿Me entendió o le hago un planito?
Lo dejé mientras lo llevaban a subastar, no sin antes colocarle en el bolsillo un preservativo con un cartelito que decía "Con qué poco se hace feliz a un pobre", y como se me estaba haciendo tarde, me fui a agotar los últimos cartuchos para encontrar al presi.
Para qué. Nadie sabía dónde estaba, pero todos me contestaron que estuviera haciendo lo que estuviera haciendo, donde fuera que lo estuviera haciendo, nadie lo estaba haciendo mejor que él.

Emprendí el regreso a casa desalentado, y paré en lo de mi proveedor de habanos José Cohiba, para darme un gusto después de la cena. Como no encontraba cambio vacié los bolsillos y me di cuenta de una cosa: ¡todo decía "Made in China"! El encendedor, la lapicera, la billetera, los preservativos, las monedas, y hasta el cigarro que estaba por comprar.
Salí a la calle a mirar en las vidrieras ¡Todo chino! ¡Hasta las artesanías de Plaza Francia estaban hechas en la China!
No sabía si con eso los iba a dejar conformes a los chinos; quiero decir a los chicos, pero era por lo menos algo por donde empezar ¿no? Estando acostumbrados como estamos a las ilusiones de oriente, no nos vamos a venir a asustar ahora porque desembarque Fu Man Chú ¿verdad?
Por eso, mis queridos chichipíos, mis queridísimos orejones del tarro, ya saben. A no aflojar, que siempre que llovió paró. A resistir apretando los dientes, vermouth con papas fritas y...¡Good Show!
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