Lo lindo de dibujar como laburo es que sos el héroe de tus hijos y sobrinos.
Lo malo de dedicarte a la cosa gráfica es que vivís en un galpón rodeado de papeles.
Cualquier garabato que hagas - en la sala de espera del dentista, en una clase para el aburrimiento, en una reunión de trabajo de esas para morir - tiene posibilidades de ser algo si se lo incuba el tiempo suficiente.

Hay matrimonios que no sobreviven a la prueba del papel que crece y se acumula.
Son pocos los amigos que te pueden entender.
Y sin embargo es impagable tener una olla siempre a medio terminar donde revolver con la mano y sacar algo los días en que nada se te ocurre. Y pasear por la patria de la infancia, con las fronteras abiertas y el pasaporte al día.
Ir como quien se da una vuelta por el barrio y traerse algo de recuerdo.
Lo lindo de haber seguido dibujando es que tarde o temprano vas a compartirlo.
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