Cuando en la semana es viernes, en el año es junio.
Junio es casi julio, que es decir vacaciones, los chicos todo el día en casa, y entonces no sabemos si junio es malo o bueno.
En julio viene el aguinaldo, pero a partir de junio ya esá comprometido: que las expensas, que el seguro atrasado del auto, que el arreglo de las cañerías.
El campeonato se acaba en junio, y el otoño empieza a dar señales de salida. Porque en julio se viene el invierno, los amaneceres cada vez más oscuros y el polo en la sensación térmica los lunes a la madrugada.

Junio es el bar de la última posibilidad, antes de kilómetros de segundo cuatrimestre. En junio todavía podés hacer planes para el resto del año, para no cumplirlos, como los del diciembre anterior.
En junio ya se avista que el año no es la eternidad que prometen las sidras del 31, que las fiestas están apenas termine el segundo tiempo; que la vida es la misma de siempre, y para colmo corta.
Junio es como salir de abajo del agua y tomar una bocanada de aire fresco, para zambullirse de un saque en lo que queda del día.