Al final conocí el Freeway.
Si no tuviera una estética a destiempo, el sitio merece formar parte de la iconografía de Almodóvar: un lugar con nombre inglés, parrilla argentina y camareros de oriente.
Estábamos los de la bloguería más irreverente de habla hispana, menos Hernán, que esperaba tirado en el piso de su casa una ambulancia que se apiadara de su lumbago, y ya habíamos comido como cerdos y reído como iguanas. Laura se compró en la esquina unos guantes dignos de Martirio, y el tema era caminar charlando por una de las ciudades más lindas del mundo.
Barbarita y Xavi nos fueron guiando por unas calles deliciosas, incluida aquella donde arrancaron el afiche, y luego de hidratarnos en un bar, los planes se fueron desmigajando.
Canoura partió a un cyber a buscar a su hija en el messenger, Nocetti se fue a probar guitarras, y los tres que quedamos sueltos volvimos hacia el lado de las ramblas.
Ahí me acordé que no tengo que irme de acá sin un famoso set de auriculares que no puedo conseguir en Argentina, y los chicos me llevaron a la FNAC.
Yo ya conocía ese lugar: tenés que dejar toda la guita en tu alojamiento antes de entrar, si no querés arrepentirte para siempre. Pero igual los dichosos auriculares no estaban, así que al rato de desbarrancarnos con Barbarita por la zona de los comics, me acordé.
- Che ¿Y si vamos a ver si ya llegó el libro?
Le pregunté a un dependiente, lo buscó en la pantalla de la computadora, y sí, estaba: 25 ejemplares en la sección literatura. Así que ahí fuimos, lo agarré y lo abrí.
Por suerte las palabras se las toman, y no puedo atar alguna a lo que me pasó por la cabeza, el alma y el cuore cuando abrí el libro y vi las guardas en colores, con los personajes que empezaron a garabatear un tucumano en Tucumán y un mercedino transplantado a Barcelona, un sábado allá lejos, sin conocerse las caras, a través de gmail y messenger.
Escuché el susurro de Barbarita a Xavi, sentí el flashazo y me di vuelta. En lo que le pasé a Xavi mi máquina para que me sacara una foto con el libro en la mano, apareció una guardia de seguridad que era prima de la gorda subrepticia del Blockbuster.
- No, no podéis tomar fotos.
- Tienes razón, tienes toda la razón, disculpa. - le dijo el Xavi, y por lo bajo, a mí: - La tenemos, la tenemos.
Y acá está.

Y así y todo, aún me parece mentira.