Humoristas, blogueros y casa de Victoria
Martes 22 de Noviembre

El viernes 18 de noviembre, invitado por el Fondo Nacional de las Artes, participé en una mesa sobre humor en Tucumán, junto a Alberto Callliera. La Casa de la cultura donde se desarrolló la cosa resultó ser la casa de Victoria Ocampo en Barrio Parque. Tomá. A la misma asistieron algunos 'amigos del éter', como los llama cierta cantante oriental con escote, con los que a la salida nos fuimos a cenar.

A continuación reproduzco el texto que leí en la oportunidad. Como epígrafes de las fotos, la crónica de lo de después.

Humor Geográfico

En su libro “Los Testamentos traicionados”, Milan Kundera, al referirse a un admirado compositor de ópera, deja caer una reflexión que abre una puerta y me trae hoy aquí. Hablando de Leos Janaceck, observa que la ocupación soviética de su país lo neutralizó culturalmente, mediante la inteligente operación de dedicarle un elogio envenenado. Decían de Janaceck que era “uno de los más grandes compositores de ópera de la región”. O también “el más grande de los compositores checos”. Kundera, cuya obra está atravesada por un espíritu ligero y una fuerte melancolía, observa que lo que en principio parece un reconocimiento, en realidad esconde una trampa: si Janaceck es el mejor compositor regional, se estipula que su obra se mide sólo con otros compositores de la zona. Se la priva, por lo tanto, de relacionarse con otras obras y otros compositores de un universo más ancho que el de la comarca al que se lo quiere inmovilizar, de la misma manera en que los entomólogos clavan las mariposas con un alfiler y les ponen debajo una cartulina con un nombre en latín.


[La charla] Llegué antes de hora para chequear que no hubiera problemas con el cañón, y mientras testeaba todo, lo vi aparecer a Anony Mouse. Me bajé del coso, nos saludamos y le pedí que me aceptara el nombramiento de encargado de sacar las fotos. Esta es la única que se salvó de salir movida.

De algún modo, sucede algo parecido con el humor, como producción cultural que también es. El que se dedica a esto y vive fronteras afuera y al norte de la avenida General Paz, muchas veces percibe que lo que se espera de su material tiene más que ver con tópicos del folklore que con una mirada personal. Lo cómico del asunto no es que esa expectativa se despierte en un medio cosmopolita como esta capital: en las propias provincias se despacha la patente para el estereotipo del humorista del interior.

Hablando en plata: si uno vive en Tucumán y se dedica a cualquier tipo de oficio relacionado aunque sea de refilón con lo cultural, se presupondrá que el tema tiene que tener lapachos y montañas como telón de fondo, cada cuatro palabras debe meterse el vocablo “chango”, y que si mientras se lee la viñeta resuena una chacarera – zambas no, porque son tristes – mucho mejor.


[Elteta] Después llegó Elteta, que es un tipo retímido, y que incluso tiene un blog de ficción, que en su momento me hizo pisar el palito. ¡Cómo me hinchan las pelotas los que hacen ficción sin avisar! A la salida nos fuimos con toda la patota a esperara Cristina Daae a un barcito frente a la avenida Libertador. Al aire acondicionado te lo debo.

Es propio de una conversación rara que viene teniendo este país con las partes que lo integran, casi desde su fundación. “Buenas, somos de la Santa Federación ¿y ustedes?” “Ah, pasen, nosotros somos los salvajes unitarios ¿Qué tal el viaje?” Una charla de superficie, como la que se puede tener en los velorios o en la sala de espera del dentista. “Ustedes los porteños son unos vivos bárbaros ¿Cómo puedo hacer para comprarles el obelisco?” “Naaa, salga de ahí. Se lo cambio por esas plumas preciosas que llevan en su provincia en la cabeza”.

Claro, el estereotipo es útil para avanzar en un camino donde las cosas ya se sobrentienden. Quino solía decir que si un ricachón no parece tal, el chiste sobre el ricachón no funciona. Pero en otros casos estorba, y mezcla la baraja del poker con la del chinchón.


[Ginger] Está más flaca que su propia sombra, pero se sigue mandando la parte con la dieta y esas cosas. Mientras esperábamos a Cristina, me acribillaron a preguntas sobre el Gordo - "es uno que no sale de la casa" - y sobre la cantante - "es una que no sale a la Argentina" -. En eso me llamaron desde donde estaba parando, para avisarme que buscara la llave, así que Anony se ofreció a acercarme en auto.

Porque ¿qué es el humor? En algún momento se llega a la pregunta. Pareciera que la propia sustancia que lo compone, por inasible y volátil, pide a gritos una definición. Uno suele llevar en la billetara unas cuantas, como para salir del paso, que las más de las veces se transforma en un paso a nivel.

Ambrose Bierce decía que intentar definir el humor es como tratar de cazar una mariposa con un poste de teléfonos; Naranjo afirma que es humorista para divertirse cuando se enoja; Rep asegura que en su caso es porque vino al mundo a molestar.

Son coordenadas. Con Rudy alguna vez hablábamos sobre el humor judío, y coincidimos en que no se trata de costumbrismo con acento y erres arrastradas y cada cuatro palabras el vocablo guefilte fish, sino que es algo más complejo, y que termina conformando una mirada que se arroja desde una identidad.


[Anony Mouse] Tipo finísimo de intelgencia poco común, cuando llegamos al auto se convirtió en persona de culto. ¡El tipo tiene un Mustang rojo descapotable con techo vitivinícola! Ibamos por la avenida y la perrada gritaba "¡Telma y Louise!". Cochina envidia.

Y creo, en definitiva, que el humor es eso: una manera de mirar. Y esa mirada se va armando a lo largo de la vida con materiales de diversas procedencias, y distintos grados de tangibilidad.

En esa forma de mirar primero para devolver después, en un texto, en un dibujo, en una viñeta gráfica, claro que son importantes el tiempo y el lugar. Pero hay otras que pesan mucho más; que la determinan. ¿Los Tres Chiflados o el Gordo y el Flaco? ¿Carlitos Balá o Pepe Biondi? ¿Toddy o Nesquick?.

En la destilación de esa manera de observar al mundo, como a ese auto que se pone a punto los sábados en el garage de un amigo, y que por más que se lo afine no termina de funcionar, tienen su peso propio los carnavales del 68; la antena de la tele con dos agujas de tejer sobre una papa o un limón; el agente de CIPOL; las figuritas con chicle; el Rico Tipo que compraba el tío Tolo, el Billiken al que la bobe me afilió un día cuando me puso delante un Billiken y una Anteojito y me dijo muy seria “tenés que elegir”.


[Cristina Daae] Uno que la daba petisita y gorda, y resultó una señorita interminable de alta, con ojos almendra y tetas por todas partes. Empezó la discusión sobre "dónde vamos a comer". Que si al chino de acá a tres cuadras, que si a una parrillada, que si a un bodegón a la vuelta del Congreso. Al final terminamos en una pizzería, como corresponde a un grupo de argentinos con ideas.

En la argamasa de esa mirada está el heladero que pasaba gritando en el calor de la siesta; El Instituto Técnico, donde el Chanchón Linares enseñaba los misterios del hormigón advirtiendo sobre los decimales que son tan perceptibles como “el grueso del pelo de la pierna de la mosca” (y decía “pierna” sólo cuando había en la sala una profesora, que es un docente de sexo no varón”).

Son afluentes de esa retina entrenada para recibir la realidad con un eterno corrimiento el disfraz de Robin porque el de Batman se había agotado; los bailes en la sociedad Italiana,; el frío que nos corrió por la espalda durante el 82, a ver si los milicos suspenden las prórrogas y nos termina alzando del forro de ya sabés qué.


[killbill] Fue el que llegó al final, y torció la tendencia gastronómica hacia pizza en Avenida Corrientes. Nos metimos en Banchero, porque Los Inmortales estaba lleno, la única mesa que había estaba reservada para ocho que no éramos nosotros, y nos agarró un ataque de honestidad.

Limita esa mirada los domingos con la lápida de Grandes Valores del tango en la tele, o el relato de los partidos en la epopeya radial. Se nutre de la sensación perenne, como las hojas de algunos árboles del parque Nueve de Julio, de que acá nunca pasa nada, y si querés que pase tenés que irte a la capital. Abreva esa mirada en las películas de Woody Allen en el la cineteca, en el tardío descubrimiento de los hermanos Marx, en la gloria de 30 minutos de cualquier comedia americana; busca entrecruzarse con las miradas de Gary Larson, de Wolinsky, de Forges.

Y así, plena de disfuncionalidad y parches de todo tipo, esa mirada se pasea por el mundo, a ver cómo lo puede contar. Lo mejor de todo es que hay una mirada por individuo, lo cual lo hace más nutritivo al asunto y más difícil de provincializar.


[DudaDesnuda] "¡Qué hacés, Pípi!" me saludó cuando me vio. Al final nos metimos en Banchero, que tenía Aire acondicionado en un día que caían pajaritos de los árboles. Nos acomodaron arriba, en el entrepiso, aunque los pajaritos dados vuelta sobre la mesa no eran una buena señal sobre la temperatura. Encargamos Cerveza y muzzarellas para acompañar.

Quién sabe qué es el humor y mucho menos de donde viene. Es como las chicas lindas. No sabés de donde salen pero querés que se queden ahí, lo más cerca que se pueda. Porque sí sabemos que sin humor es imposible vivir. Quedarse sin humor es bajar el penúltimo peldaño en la escalera, y de ahí ya es cuesta abajo hacia el final.

No hay tramo de la vida que no pida a gritos una dosis de humor. No hay otra manera de encarar el sinsentido de un mundo que casi siempre nos juega a la contra.

El humor, si no es la respuesta, por lo menos es una dirección interesante.


[Foto de familia] Y el resto fue, como corresponde a un rejunte de blogueros, hacer comentarios y cagarse de risa. Dice Ginger que tomamos diez cervezas; yo la verdad perdí la cuenta, pero lo que sí me acuerdo es que nos divertimos en grande. La foto ésta la sacó una que no estuvo en la charla, pero que se acercó a la hora del morfe, como no podía ser de otra manera. Nos despedimos prometiéndonos otra con más gente: escritores con porro, muñecas mecánicas, y demás yerbas. Nos dimos besitos, nos hicimos chau con la mano y Anony me acercó a Palermo, mientras hacía de Disc Jockey en el portacedé de su nave. "Ah, escuchá ésto de folklore, calculo que te va a gustar". Los blogueros somos así de perspicaces.

Diría Seinfeld: la mejor venganza es ser feliz.

Bernardo Erlich,
Buenos Aires, 18 de noviembre de 2005