Es raro: cuando uno se dedica a dibujar, le da como verguenza sentarse a escribir.
Al revés no pasa lo mismo. Es simpático y logra adhesiones instantáenas un coso que además de bordar con las palabras, cada tanto meta un garabato o fabrique una ranita de papel.
Y si además el que dibuja, a lo que se dedica es al humor, ahí sí que cagó fuego. ¿Cómo pretende hollar el sagrado territorio de la literatura semejante chiquilín?
Cosas que nos vamos metiendo en la cabeza desde chicos, y ya de grandes es más que difícil desenroscar.
Y está más que bien ponerse los ruleros y el batón para escribir, o calzarse el triangulito divino para mirar el mundo desde arriba.
Pero llega el momento en que no alcanza.
Asi que como regalo de cumpleaños que me hago - y le agradezco a Hernán la paciencia y el espacio - me inventé un sitio donde yo pueda escribir como yo, y los invito a que lo compartan.
Espero que lo disfruten y lamento que no haya estado habilitado el ocho del doce.
Nunca llegué en horario a ninguna fiesta y no creo que justo ahora vaya a empezar a cambiar.