Hasta hoy mi relación con los deportes era escasa o nula.
De chico fui una teta para el fútbol, y en lo poco que jugué me quedaba atrás, charlando con el arquero y bajando con alevosía a los habilidosos que perfilaban el gol. No me entusiasman ni FOX ni ESPN, salvo cuando en algún zapping insomne me engancho con una repetición de Víctor Hugo y Perfumo. A mí dejáme con las películas, las series y - cada ves menos - con los ilbros.
Mi amigo y colega Sejo es todo lo contrario. Un diálogo entre ambos aclara las posiciones:
Yo: - Che ¿viste el capítulo ese de Seinfeld en el que George decide hacer lo opuesto a lo que hace siempre?
Sejo: - ¿Qué es Seinfeld?
Y: - ¡Cómo "qué es Seinfeld"! ¿Adónde vivís, loco?
S: - Culiao, yo voy a la cancha ¡Qué me venís con Seinfeld!

Sejo es un talento que dibuja como habla, llena las tiras de personajes movedizos que hablan "tucumano básico", y que a la cabeza de sus pasiones tiene al fútbol, y más precisamente a Atlético Tucumán. Publica dos historietas diarias en El Tribuno de Tucumán: una sobre municipales coimeros y otra sobre dos hinchas de fútbol local.
Hace unos días compartimos un taller de dibujo para chicos y adolescentes en el marco de una muestra enorme (de la que ya contaré más adelante), y ahí Sejo la tuvo de alumna a mi hija Raisa.
El asunto es que de esa vuelta Sejito le agarró cariño a la nena y como consecuencia salimos caricaturizados en una de sus tiras, en una escena que tiene lugar las más de las veces que la pequeña sale a pasear conmigo.
Con ese instinto único para lo masivo y una generosidad que lo enaltece, Sejo me hace un doble regalo con esta tira: el honor de dibujarme con su lápiz, y la posibilidad de reflejarme en el más popular de los deportes, un mundo que de otro modo me estaría vedado.
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