Antes que nada, señora presidenta: yo la voté.
Y todo el mundo tiene derecho a un brulote, a un papelón incluso.
Pero una cosa no quita la otra.
Usted no puede acusar a Sábat de "cuasimafioso" y encima de una manera liviana, aunque más no sea porque nada equipara los alcances de un dibujante con el poder de un presidente.
Usted no puede tirarse encima de Sábat de la misma manera que Servini de Cubría no podía censurar a Tato Bores. Y si nos enfurecimos aquella vez, debemos enfurecernos en ésta.
A Hermenegildo Sábat - nuestro admirado Menchi - le escuché, en una mesa redonda, la más acertada síntesis política para expresar la situación argentina: "Este es un país sostenido por una expresión de deseos"
No es extraño. Sábat es nuestro analista político por excelencia, nuestro gran editorializador, un artista de puta madre. No hace falta decir más, y si falta, para eso están el google y la wikipedia.
Tiene razón mi amigo cuando se irrita porque no ve demasiada reacción pública por parte de los colegas.

A falta de una mejor, no se me ocurre otra manera de protestar en soledad contra la protesta presidencial, que colgar de nuevo este dibujo, con el debido reconocimiento a Clarin por los derechos.
Así es, señora. Se trata de que todos dejemos de dar pena. También los dibujantes, no sólo los presidentes.
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